SACERDOTES, DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Escrito dominical, el 7 de marzo
En los comienzos de marzo –es el inicio
del curso pastoral en gran parte de Hispanoamérica– celebramos una Campaña
en las Diócesis de España para estimular la vocación misionera de nuestras
comunidades hacia esas Iglesia hermanas latinoamericanas. Esta Iglesia en
España, tan denostada en ocasiones, tiene en tierras americanas la
significativa cifra de 842 sacerdotes diocesanos, a pesar de las
dificultades que pasan tantas diócesis de falta de vocaciones sacerdotales.
No contamos con los miles de sacerdotes religiosos y de religiosas y
fieles laicos. De Toledo son 52 sacerdotes, y de los 8 que en 2009
marcharon a trabajar a Hispanoamérica 5 son toledanos. ¡Bendito sea Dios!
A Él le pedimos que no falte esa generosidad en el futuro, y nuestro
compromiso con la Prelatura de Moyobamba y la misión en Lurín (Lima)
puedan mantenerse.
Quiero, por ello, dar la gracias a los toledanos por su
generosidad: padres de los sacerdotes y fieles laicos, parroquias que
tanto dinero aportan, personas a veces anónimas que oran y ofrecen su
contribución a tan gran empresa. Cuando vemos con tristeza la aprobación
por el Senado de la Ley del Aborto –¡que alguno ha calificado de ser mejor
que la anterior disposición de despenalización de tres supuestos!– estos
sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos muestran con su
generosidad cómo se da y se cuida la vida. Ésos sí son más libres, si
comparamos su entrega con esa proclama que activistas proaborto hacían
desde la tribuna de invitados del Senado: «Ahora sois más libres,
compañeras». ¿Más libres, para qué?
He podido comprobar personalmente la lucha por la
dignidad y la vida de sus comunidades de esos hermanos toledanos en Villa
Salvador, en Lurín, y en Moyobamba; también sé muy bien cuanto hacen otros
toledanos en otros países de Hispanoamérica. ¡Bravo por ellos! Pues nos
están indicando cuáles son los verdaderos problemas de esa parte del
mundo. No ocurre como entre nosotros donde los intereses burgueses son el
centro: derechos de salud sexual y reproductiva, ideología de género,
interrupción voluntaria del embarazo… ¡Cuánto eufemismo para rebajar la
tensión que llega a la conciencia humana ante lo que es sencillamente un
crimen!
Prefiero a aquellos cristianos que dan su vida cada día
para que otros puedan simplemente subsistir y no morir de hambre, que
están allá cuidando de ancianos, niños, jóvenes, para que vivan con
dignidad, anunciando a Jesucristo que es quien trae la libertad, porque es
la Verdad que nos hace libres; hermanos, capaces de compartir y de
desterrar la injusticia y las ideologías que nada solucionan. Por ellos
quiero compartir esta alegría de su vida entregada al servicio de los más
pobres. El hambre de Dios no está en contradicción con remediar el hambre
de pan y de justicia. Mostrar a Jesucristo como Aquel con el que uno puede
encontrarse en la Iglesia no es alienación como se pretende mostrar en
nuestro Occidente: es un gozo que te libera de tus miserias y te hace
libre para los demás, una alegría inmensa que te cambia la manera de
enfocar la vida.
Cosas de estas hacen nuestros misioneros (sacerdotes,
religiosos/as y fieles laicos en Hispanoamérica). Es algo más que los
cuatro tópicos al uso de pseudoprgresistas que, en ocasiones, enfrentan la
tarea que está haciendo en España la Iglesia con la hacen nuestros
misioneros en esos países hermanos. Pero su discurso está agotado. El de
los misioneros no lo está.