Año 2015

 

ABRIR NUESTRO TIEMPO A DIOS

 

Escrito pastoral para el domingo 20 de diciembre

 

 

Algo de esto significa la Navidad: abrirnos a su amor y recibir la visita del que no cabe en los cielos; y estar seguros de que esta hermosa realidad afecta profundamente a nuestra alegría de hijos de Dios, de manera que dejemos de ser el centro nosotros para que lo sea Jesucristo y los demás. Pido ardientemente al Padre de los cielos esta gracia para todos vosotros, queridos hermanos diocesanos: los tristes, los enfermos, los mayores, los que sufrís, los fieles laicos, las Hermanas contemplativas y los demás consagrados, los diáconos y los presbíteros. Y os doy a todos las gracias por tanta oración que habéis hecho por mí, en la enfermedad reciente. ¡Os he sentido tan cerca! Dios os lo pague, que sabrá hacerlo mejor que yo.
 

Este tiempo previo a la Navidad es ocasión de silencio, de buscar un tiempo para orar, no sea que la fiesta cristiana se nos esfume de entre las manos. Tantos los catequistas, como cuantos ayudáis a llevar adelante grupos o movimientos cristianos, pensad si el Jesús que nace es el centro de vuestros chicos y chicas; los que visitáis enfermos y cuidáis de los más necesitados, no tengáis miedo de hablarles del Niño Dios, pues ellos lo esperan, aunque tengan también necesidad de cariño o de ayudas materiales; los voluntarios de Caritas u otras instituciones de amor cristiano solidario, dadles también de vuestra alegría y paz que Jesús ha traído; vecinos cristianos, sed buenos vecinos con vuestros vecinos, aunque no os acepten por ser discípulos de Cristo, no importa; hermanos sacerdotes, comenzad cuanto antes el anuncio y la acogida de los vuestros con la misericordia del Señor, disponibles para ellos en el diálogo pastoral y en el sacramento de la reconciliación.
 

En este tiempo previo a la Navidad, en concreto el día veinte, cumpliré 28 años como obispo. No es fecha que yo pueda olvidar, pues, junto a una acción de gracias por tamaño don, todavía no sé por qué el Señor quiso que fuera sucesor de sus Doce Apóstoles. Pero estoy feliz, como antes lo estuve en Valladolid, Salamanca y Osma-Soria. Ahora os pido que me sigáis ayudando a que esta Iglesia de Toledo sea el Cuerpo de Cristo, y por ello visibilidad de Jesús para los que están alejados de la comunidad cristiana y punto de reflexión cuantos no se sienten cristianos o sencillamente no están bautizados. Es tiempo también de felicitar a los que, en este tiempo previo a la Navidad, fueron ordenados diáconos o presbíteros de Jesucristo para el servicio del Pueblo Santo.
 

Sé que muchos apenas descubren el sentido cristiano de la Navidad; hemos de ser nosotros quienes les ayudemos a gozar de esta alegría navideña, que es Jesús. Y hacerlo de manera sencilla, sin avergonzarse, mostrándose amables y dispuestos a contribuir a un mejor ambiente, porque el Señor de la paz ha nacido. No qué decir tiene que en navidad hemos de ayudar de muchas formas a los más pobres y angustiados, sin alharacas, de forma sencilla, como nos mandó el Señor. Hay muchas formas de vivir la solidaridad cristiana, sin publicidad.
 

Acercaros a la Virgen Madre. Ella es la que mejor conoce a Jesús y el significado de su nacimiento para los seres humanos; con José y los pastores, como más tarde los Magos, Ella se aparta de vivir una Navidad únicamente como festejo -¡fiestas de invierno, dicen algunos confundiendo!- del que hay que sacar el jugo del espectáculo o el consumismo. No hay que renunciar a ll alegría de la Navidad. Existe, pero hay que buscarla y pedirla. De lo contrario, nos pasará lo que a Herodes o los que cerraron sus puertas a María y José. Os deseo a Todos una Feliz Navidad. Rezo por vosotros; hacedlo vosotros por mí.

 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Q