Año 2016

 

MISERICORDIA

 

Escrito pastoral para el domingo 21 de febrero

 

 

El Papa Francisco, en el libro-entrevista El nombre de Dios es misericordia, que acaba de aparecer, narra cómo en una Misa para enfermos, en la que reunió mucha gente ante la estatua de la Virgen de Fátima, estando él confesando, se acercó un señora muy mayor, cuando casi tenía que partir para una Confirmación. Era Obispo auxiliar de Buenos Aires y a la mujer, menuda y vestida de negro, le preguntó: “Abuela, ¿quiere confesarse? “Sí”, respondió. “Pero si usted no ha pecado”, dijo él, un poco en broma. Su respuesta fue rápida a ese comentario del Obispo auxiliar: “Todos hemos pecado”. “Pero quizá el Señor no la perdone…”, replicó él. Y ella dijo: “El Señor lo perdona todo”. “Pero ¿usted cómo lo sabe?”. “Si el Señor no lo perdonase todo –fue su respuesta-, el mundo no existiría”.
 

Lo que impresiona en la hondura de fe de esta mujer mayor es la seguridad con que afirma: Sin la misericordia, sin el perdón de Dios, el mundo no existiría, no podría existir. Y es verdad. Basta que profundicemos un poco. Nos daremos cuenta de que nadie hay que no necesite ser perdonado, acogido, comprendido, y empezar de nuevo. Esta Cuaresma, nos dice el Papa, hay que aprovecharla para empezar de nuevo o experimentar los cristianos lo que es la misericordia de Dios. “El nombre de Dios es misericordia”. Es tiempo de confesar nuestros pecados, de dejarnos de discusiones y nos lleguemos a los confesionarios o sedes penitenciales a recibir el perdón de Dios.
 

Quiere esto decir que no nos da ninguna seguridad pensar: yo me confieso con Dios, le pido perdón y ¡ya vale! No vale, porque no es eso lo que quiso Cristo; lo que quiso fue que es mejor para nosotros acercarnos a un sacerdote, que representa a Jesús, me pongo a mí mismo frente a él, que es arrodillarme frente a la Madre Iglesia, llamada a distribuir la misericordia de Dios. Y de ese modo, al confesar tus pecados, pones tu vida en las manos y el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. Y finaliza el Papa Francisco: “Si no eres capaz de hablar de tus errores con tu hermano sacerdote, ten por seguro que no serás capaz de hablar tampoco con Dios y acabarás confesándote con el espejo frente a ti mismo”. Palabras muy certeras sin duda.
 

Pero en esta Cuaresma es preciso también que yo tenga más tiempo para Dios. En parroquias y otras iglesias estamos programando “24 HORAS PARA EL SEÑOR”. De ellas habla la Bula de convocatoria del Año de la Misericordia. Pregunta en tu parroquia, pues hemos de gustar la gracia de Dios y también la alegría de gozar con Él y de su amor. Porque estoy seguro que, inmediatamente, sentiremos que también nosotros podemos amar y perdonar y acercarnos a los demás. Ahí están las obras de misericordia, las que se refieren a las necesidades más materiales y las que tienen más que ver con el ámbito de la interioridad del ser humano.
Estas famosas “Obras de misericordia” son muy válidas también en este tercer milenio. En opinión del Papa, son actuales y válidas… y necesarias. Nos ayudan a abrirnos a la misericordia de Dios, nos sirven de examen de conciencia y a pedir la gracia de entender que, sin misericordia, la persona no puede hacer nada y que “el mundo no existiría”, como decía la viejita que el Papa Francisco conoció confesó en 1992, siendo Obispo auxiliar de Buenos Aires.

 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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