Año 2016

 

DÍA DEL SEMINARIO

 

Escrito pastoral para el domingo 13 de marzo

 

 

La Iglesia particular o Diócesis que consigue la gracia de tener un Seminario con todas las posibilidades de formar bien a sus seminaristas, para que sean buenos sacerdotes, esa Diócesis tiene un tesoro. Yo doy gracias a Dios por nuestro Seminario Mayor y Menor; se las doy también porque mis predecesores como arzobispos de Toledo trabajaron incansablemente por ello. Pero esta hermosa realidad no impide que yo tenga preocupación por nuestro Seminario, ahora que llega el Día del Seminario y la colecta que para este fin han de hacer todas las parroquias e iglesias.

Una preocupación es estar alerta y que lo esté la comunidad diocesana, para que las parroquias, las comunidades religiosas, los movimientos de apostolado seglar, las asociaciones católicas cuiden de sus vocaciones de especial consagración, que son los sacerdotes y los consagrados. No olvido la importancia de las familias a la hora en que en sus hijos, si Dios les llama a esta vocación, cuiden que esa planta de la vocación crezca. Estoy convencido de que, según son las familias cristianas, así son sus vocaciones; según son los fieles laicos, así son los curas y consagrados en las distintas comunidades cristianas. Mi preocupación primera, pues, es que no se pierda la ambientación vocacional en nuestros pueblos y ciudades, que permita que crezcan las vocaciones, la llamada de Jesús a niños, adolescentes y jóvenes.

Cierto, en mantener esa ambientación o cultura vocacional, juegan un papel esencial, no único, los sacerdotes. Sólo si chicos y jóvenes ven alegría y paz en los sacerdotes puede darse un movimiento de simpatía hacia el sacerdocio; únicamente si se cuidan y se acompaña a los niños y sus padres puede darse esa hermosura de saber y conocer que Jesucristo llama para algo tan vital y tan grande en la Iglesia como es el sacerdocio ministerial.

La formación para el sacerdocio, tarea propia del seminario Diocesano, es un proceso complejo, con muchas facetas en la que el seminarista, como discípulo de Jesús, vaya creciendo en virtudes y, con un continuo seguimiento de Cristo. Sólo desde un corazón ganado para el Señor, puede el futuro sacerdote ir asimilando la forma de vida de Cristo sacerdote, en todas las dimensiones de la formación al sacerdocio. La espiritualidad litúrgica y bíblica, la capacitación doctrinal y la oración personal y litúrgica, la convivencia con los que más tarde formarán parte del Presbiterio diocesano permitirán al seminarista tener pasión por la misión, y la actividad misionera “ad gentes”. Un seminarista tiene que tener conciencia de que la necesidad de difundir el Reino de Dios como pastores es el “unum necessarium”, esto es, lo más importante. Les aseguro que el equipo de formadores con el Rector cuida de que esto sea así.

También es importante tener conciencia de que el seminarista, como futuro sacerdote, será “enviado a reconciliar en la misericordia del Padre de los cielos”. A veces se oyen lamentos de aquí y de allí: que una vez ordenados sacerdotes, se adecúan éstos a una pastoral de lo existente, olvidándose de ser evangelizadores y de animar a formar a los fieles laicos como responsables de la acción evangelizadora y de la cooperación misionera. Entiendo que muchas veces sea difícil para el joven sacerdote la exigencia de realizar su misión como fruto de su contemplación del ejemplo de Cristo, con un testimonio que, por ser comunicación creíble del Evangelio, debe adquirir esa espiritualidad de aceptar la cruz del Señor, y el aparente “fracaso pastoral” que lleva consigo ser cura hoy, con cierta incomprensión de los fieles que le rodean. Esa preocupación también la comparto con los formadores de los seminaristas.

Después de hablarles de algunas preocupaciones, ¿qué pido, pues, para este día del Seminario, cuya campaña y colecta celebramos este año el 13 de marzo? Ayuda con la oración, cercanía, comprensión, y también dinero, pues esta formación tan específica del Seminario Diocesano supone inversión en una empresa que no siempre es positiva “la cuenta de resultados”. Mirad con alegría y cariño a los seminaristas. Nuestro Seminario funciona bien, es un buen Seminario. Pero no debe bajar la preocupación en los católicos de Toledo porque esta Iglesia siga teniendo esa institución eclesial, ese “semillero”, donde adolescentes y jóvenes se formen para ese servicio imprescindible que ha de prestar el sacerdote a los demás cristianos. La presencia de Jesucristo es absolutamente necesaria para que exista la Iglesia, Esposa del Señor. Los sacerdotes, que actúan “en nombre de Cristo Cabeza de la Iglesia, también son necesarios. Os doy las gracias de corazón por cuanto ayudáis a nuestro Seminario Mayor y Menor.

 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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