Año 2016

 

¿ACABA NUESTRA

RESPONSABILIDAD CON VOTAR?

 

Escrito pastoral para el domingo 26 de junio

 

 

Tenemos el domingo 26 otras elecciones generales, tras el fracaso de los partidos políticos al no conseguir ninguno de ellos ni la mayoría absoluta ni una alianza o pacto para una mayoría suficiente en el Parlamento que surgió de la elección del 20 de diciembre de 2015. Votar en elecciones generales o locales es bueno, pero ¿basta quedarse ahí? ¿por qué con frecuencia pensamos que el único modo que tenemos de vivir en el tipo de sociedad que queremos y de influir en ella es el ejercicio del voto cuando nos toque? No ha cambiado esto, aunque haya nuevos partidos político en el arco parlamentario. ¿No seguimos limitados a unas opciones determinadas de antemano desde grupos de poder? ¿Por qué, si muchos de nosotros apenas tenemos confianza en quienes nos gobiernan, no somos capaces de hacer una crítica, más profunda y más elemental a la vez, de la sociedad en la que vivimos, de sus mecanismos de control, de sus propagandas? ¿Hay realmente debate político?
 

Una crítica concreta sería cómo es posible que, con las perspectivas de nacimientos que España tiene en el futuro próximo, nadie reaccione contra las leyes del aborto o de la falta de ayudas a familias numerosas o simplemente a aquellas que tienen más de dos hijos. El proyecto Mater de nuestra Diócesis, sencillo pero práctico, quiere acoger a aquellas mujeres en riesgo de aborto, o que sufren el síndrome de haber abortado o están solas si deciden no abortar y tener su bebé. Sin duda que el proyecto Mater ha tenido un eco grande en la comunidad cristiana en parroquias y grupos católicos. Pero, en nuestra sociedad adormecida, ¿qué reacciones ha tenido? “Son los católicos y sus cosas”, dicen muchos. “Son cuestiones religiosas que no me interesan; además España no es un estado confesional”, dirán posiblemente nuestros gobernantes.
 

Pero este proyecto Mater, como otros que existen en Toledo, por ejemplo, Red-Madre, es sin duda una crítica a una sociedad y sus partidos políticos por no ser capaces éstos de conformar una ayuda concreta de bebés de pocas semanas de gestación y deslizarse, por el contrario, al recurso fácil del aborto. Viendo el panorama de una España con una tasa de natalidad incapaz de hacer el relevo de generaciones; viendo el problema de tantos mayores y tan pocos jóvenes que garanticen su cuidado en los próximos años, ¿por qué persiste la defensa a ultranza del aborto como un derecho de la mujer como si se tratara de un logro de nuestra sociedad? Sin duda que el aborto me parece un fracaso de la manera como se afronta en España el tema de la defensa de la vida y de la maternidad, de la que se ufanan algunos partidos políticos; tampoco creo que este tema haya que abordarlo sólo desde la perspectiva económica: que haya más afiliados a la Seguridad Social y así garantizar las pensiones de los ya jubilados. Éste no es un problema pequeño, pero no el más importante.
 

Lo que hace más pensar es la insensibilidad ante el drama que viven las mujeres afectadas por el síndrome del aborto: quienes han abortado y sufren lo que ellos supone; quienes se hayan solas con su embarazo, abocadas tantas veces a abortar por no saber cómo afrontar el cuidado de una nueva vida engendrada; quienes deciden tener su bebé y no encuentran ayuda en alguien con quien hablar de su decisión y tener la posibilidad de una vida digna y un hogar donde vivir con su hijo. Cuando hayan sucedido las elecciones al Parlamento y el Senado, ¿habrá representantes con capacidad de ofrecer una solución digna a este asunto del aborto de vital importancia? El aborto contiene, además, una cuestión moral que no es fácilmente desechable para la conciencia humana. Siempre hay esperanza de que las cosas cambien para el bien de la humanidad, aunque tantas veces nos equivoquemos los humanos.

 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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