Año 2016

 

TODOS ESTAMOS INVITADOS A 'SALIR',

COMO DISCÍPULOS MISIONEROS

 

Escrito pastoral para el domingo del DOMUND, 23 de octubre

 

 


 ¿A dónde tenemos que ir como discípulos de Jesús? Está claro: a llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana. Pero, ¿quién nos hace esa invitación? Alguien que está haciendo esta misma llamada desde hace muchos siglos, cuando le dijo a Abraham, el padre de los creyentes: “Sal de tu tierra, de tu patria, de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Gén 12,1). ¿Desde hace tanto tiempo está Dios así? Sí, y Abraham salió a una nueva tierra. Y muchos lo hicieron a los largo de estos casi 40 siglos desde que fue invitado Abraham. “Pero yo estoy bien aquí”, dirás; “¿por qué tengo que salir de mí mismo, de mi casa, de mi comodidad?”. Aunque aquí haya muchos problemas y trabajo que hacer, se necesitan cristianos que, como discípulos misioneros, pongan al servicio de los demás los propios talentos, sabiduría y experiencia.
 

¿Quién envía? El envío y el destino lo hace Jesucristo y su Iglesia; y el papa Francisco, y el Obispo de una Diócesis, y una comunidad concreta. Entonces, ¿todos debemos ser misioneros en América, África, Asia y Oceanía? Hay que sentirse enviado todos, y no de la misma manera, a la misión que decimos “ad gentes”, pues es universal y no tiene fronteras. Esta misión “ad gentes”, a lugares donde la Iglesia de Cristo no está presente o está comenzando, es necesaria, porque hay mucha gente que está esperando lo más grande de Dios: su mensaje de ternura y compasión. El Padre de los cielos siente una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana frágil, que necesita el amor del Dios bondadoso, atento y fiel. Dios Padre quiere, por eso, que la manifestación más alta y consumada de su misericordia, que es Jesús, su Hijo, sea conocido y ofrecido a todos. Aceptando a Jesús, siguiéndole a Él como camino y por medio de su Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre de los cielos.
 

Tenemos que tener muy en cuenta, queridos católicos toledanos, que la Iglesia, de la que formamos parte es, por, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo. Y ésta ha de llegar a todas partes. ¿Quiere esto decir que todos en esta Diócesis hemos de partir a todos los continentes y ser misioneros “ad gentes”? No será verdad tanta hermosura. No es eso. Todos tenemos que salir de nosotros mismos y amar y servir a los demás. Necesitamos esos misioneros que vayan a la misión. Ellos son lo mejor de lo mejor entre los discípulos de Jesús: hombres y mujeres, testigos del amor de misericordia. Y hemos de orar por ello y ayudarlos desde aquí.
 

Pero también son misioneros los que aquí vivimos, si verdaderamente somos testigos del amor de Jesucristo. Aquí debemos hacer el servicio de la caridad, junto a la labor evangelizadora. Aquí se necesitan católicos que no se queden en su “corralito”. Está la labor educativa, las campañas de ayuda en favor de esta o aquella misión o misionero. Si tú no estás preocupado por el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a los pueblos que todavía no conocen al Señor, para que lo encuentren y lo amen, no eres misionero ni aquí ni allí, y no podrás oír la voz del Señor que dice: “Sal de tu tierra”. Lo único que harás será echar unas monedas al cestillo el día del Domund. Y eso no es.
 

Se necesitan misioneros “ad gentes”, personas concretas que vayan. Hay católicos que no pueden ir. Conozco a una comunidad de monjas de clausura que idearon ser misioneras, fundando una comunidad en África, no para salir del monasterio e ir de acá para allá. No. Enviaron allí a algunas Hermanas y desde España empeñaron su trabajo y su dinero. Pero desde allí, en África, les llegó la fuerza para tener un corazón más grande y universal, que da sentido a lo pequeño de cada día. Saben que su vida escondida en el claustro da fruto en el mundo entero. Debemos estar inquietos por ese Cristo que deben conocer los que no han oído hablar de Él. Estar inquietos aquí; de lo contrario, ¿cómo habrá alguien que quiera marchar a otros lugares para anunciar la Buena Nueva de Jesús y ser misionero “ad gentes”. “Sal de tu tierra” será una invitación que siempre sonará porque el Dios vivo sigue haciéndola. ¿Llegará hasta ti?

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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