Año 2016

 

LA IMPORTANCIA DE QUE HAYA PERDÓN

 

Escrito pastoral para el domingo 13 de noviembre

 

 

Estamos acabando el Año de la Misericordia, abierto por el Papa Francisco el 8 de diciembre de 2015, y que él mismo clausurará el domingo 20 de noviembre próximo. Antes, el domingo 13 será el final de este año de gracia del Señor en nuestra Catedral. Quisiera referirme a un aspecto de este Año de la Misericordia que, subrayado constantemente por el Papa, puede desaparecer de nuestra memoria, si no lo retenemos: la alegría que experimenta la persona que se encuentra con Jesucristo que le perdona. Sobre todo si a ese encuentro misericordioso con Jesús ha contribuido el anuncio del Señor que hayamos podido hacer los que ya conocemos a Cristo; bien por nuestro acercamiento a la situación de los que estaban alejados de Dios, en las periferias existenciales lejos del Evangelio y su alegría, bien por otros muchos medios de los que se vale el Señor para ello.
 

Hay personas que te dicen: ¡Ojalá tuviera yo tu fe! ¿Qué sabemos, en efecto, muchas veces lo que significa una vida sin fe, una persona que quisiera dar sentido a su vida y no sabe o no puede? ¿Por qué no ha encontrado un verdadero cristiano que con su vida atrayente haya facilitado el acceso a Dios? Para mí, cuando una persona me dice que no cree, casi no sé qué decirle, porque es una sensación, una vivencia que yo no he tenido: siempre he creído en Dios y no he tenido dudas serias de fe. Me impresionan, pues, películas como Las Horas (2002), de Stephen Daldry, que trata de tres mujeres que buscan ansiosamente el sentido a su vida. En un momento, una de las protagonistas, que cuenta a otra su intento de suicidio y del abandono de su familia, dice: "Quizá sería maravilloso decir que te arrepientes… Sería fácil… ¿Pero tendría sentido? ¿Acaso puedes arrepentirte cuando no hay alternativa? No pude soportarlo, y ya está… Nadie va a perdonarme. Era la muerte, y yo elegí la vida".
 

Lo terrible es que en el horizonte asfixiante de la película no hay a posibilidad de perdón, y sobre todo, no hay a quien pedir perdón, y por ello posibilidad de arrepentimiento. Pero desde este trasfondo, que muestra a una parte considerable de nuestro mundo, el hombre y la mujer de hoy, sin embargo, podrían redescubrir la gran noticia que es el Evangelio del perdón. Nuestro grito sería: ¡el perdón existe, es posible! ¿Hay quien puede perdonarlo todo! Y no solo puede hacerlo, sino que lo hace. Lo que ha dicho el Papa Francisco a lo largo de todo este año es que la experiencia cristiana es la experiencia de haber sido perdonado, de raíz, y de cómo ese perdón abre la posibilidad de una vida nueva. Y por eso es tan necesario que, desde esa experiencia de ser perdonado, podamos llegar a los que no saben esto, acercarse a ellos, no juzgar su situación y hablarles del perdón.
 

¡Cuántas vidas perdonadas, cuántas personas que han descubierto a Dios en este año encontrándose con Cristo en el perdón y la misericordia! En adelante no deberíamos olvidar esta faceta de la vida del cristiano: no hemos de quedarnos simplemente en buscar la verdad en una buena formación llegando a una claridad de nuestra fe, sino que, viviendo la caridad de Cristo en la verdad, acercarse al que sufre sin juzgarle y anunciarle la alegría del Evangelio.
 

El abrazo gratuito e incondicional de Jesús, ese encuentro con Él y con su perdón en el sacramento de la Penitencia, a través de la figura del sacerdote que perdona en nombre de Dios, es algo inaudito, bellísimo y alcance de nuestro corazón. Descubrir esa posibilidad de experimentar el amor de Cristo a quien lo desconoce, a quien no sabe a quién acudir para ser perdonado, es un servicio impagable a la humanidad y a quien está herido al borde del camino. Les invito a leer despacio los números 1422 al 1498 del Catecismo de la Iglesia Católica. En esos números se explica en qué consiste el sacramento de la reconciliación. Es un buen ejercicio para acabar el Año de la Misericordia, ese regalo de la Iglesia a la humanidad de la mano del Papa Francisco.

 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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