CONSAGRACIÓN EPISCOPAL del nuevo obispo coadjutor de la Prelatura

Don Rafael Alonso Escudero López-Brea,

"sucesor de los apóstoles para servir a la Iglesia"

 

EULOGIO CALVO NAVARRO

 

Moyobamba (Perú), 2.006, agosto, día 26, sábado, 10  de  la  mañana, atrio de la catedral. Es un momento muy importante para la ciudad y toda la Prelatura. La consagración episcopal de monseñor Rafael Alfonso Escudero López-Brea va a llenar de admirable plenitud en la fe esta gozosa y radiante mañana en la capital de la selva.      

 

Autoridades regionales, provinciales, municipales, judiciales, militares, policiales, junto a medios de comunicación social locales. Están las asociaciones, movimientos pastorales, cofradías, animadores-catequistas de las comunidades y muchas gentes, llegadas desde los más apartados rincones de  esta región de San Martín.      

      Algunos vinieron andando, hasta siete horas. Luego, hubieron de subir a un medio de locomoción, para continuar en él durante ¿otro par de horas?, y vivir con los hermanos en la fe, al final, este día gozoso.  Otros, parientes y amigos del que iba a ser consagrado, llegaron desde España.

      Cientos de moyobambinos esperan con alegría el comienzo de la ceremonia. Pienso que, al menos, estamos dos mil personas (había mil sillas y hay más personas de pie que sentadas). Luce hermosura la fachada de la catedral, primorosamente adornada para esta ocasión.    

      En los laterales del altar hay un Cristo crucificado y una imagen de la Virgen. Un artístico grabado, de grandes dimensiones, al frente, con la figura del Buen Pastor, que cuida de sus ovejas, y el fondo precioso de una montaña ("Morro Calzada"). Flores, alfombras, manteles, banderas y los dos escudos episcopales, el antiguo de monseñor Santos y el nuevo con un hermoso lema "Deus caritas est", como inicio de un programa de actuación, cuyos límites  rozan la eternidad. Sobriedad y elegancia al mismo tiempo. Coro y músicos. Todo está a punto, para que pueda comenzar la Santa Misa.  

      Se inicia la procesión de entrada. Seminaristas, sacerdotes y obispos se dirigen al altar. Preside la celebración el Cardenal Arzobispo de Toledo, acompañado del Nuncio de Su Santidad en Perú, el Presidente de la Conferencia Episcopal de este país, el Secretario General de la Conferencia Episcopal y obispo de Puerto Maldonado, y los obispos de Yurimaguas, Chachapoyas, Cajamarca, un obispo auxiliar de Lima, y los dos obispos auxiliares de Toledo.

      Ceremonia entrañable. Súplica continuada de la Iglesia, para que el Señor escuche nuestra oración, derrame sobre él la plenitud de la gracia sacerdotal  y la fuerza de la bendición divina. Vivimos la intensidad del momento. Cada instante de la Consagración Episcopal es objeto del más vivo y atento seguimiento de todo el pueblo cristiano congregado.

      El Espíritu lo ha levantado. Él ha mostrado su disponibilidad. Elegido como sucesor de los Apóstoles, sí ha aceptado la voluntad de Dios. Ya tenemos un nuevo obispo

      En la luz esplendorosa del mediodía, brilla en el atrio, de la catedral de Moyobamba,la gloria del Señor, que llena Su Casa, la Iglesia.

      En este día de la Consagración Episcopal, hemos oído muchas cosas, que merecen una pausada reflexión. Con las palabras, que dan el título a este escrito, comenzaba el Nuncio Apostólico su referencia a monseñor Rafael Alfonso Escudero López-Brea. Leía el nombramiento y citaba las palabras del Papa: "Te elegimos y constituimos Obispo".

      Nuestro muy querido Cardenal, don Antonio Cañizares, nos decía, y también al nuevo obispo: "No olvides el amor de Dios para contigo y para este pueblo. Distingue siempre entre Dios y las obras de Dios. Tú has elegido a Dios". Y recordaba: "Lo único que importa a un Pastor es concentrarse en Dios y su voluntad. Ha de conducir al Pueblo de Dios por los caminos del Señor y ser signo de Cristo".

      "Los fieles -continuaba- piden obispos santos, hombres cuya riqueza es Dios, hombres de fe entregados a los hombres, sensibles a lo humano. Maestros  de la fe", los obispos "hemos de ayudarles a descubrir la alegría de la fe" y "defender a los fieles del error, que causa estragos".

      Don Antonio recordaba que "el  obispo  sólo  tiene  una  palabra: Jesucristo", y decía a don Rafael que "has venido aquí, para evangelizar. En su nombre echa las redes". "No estás solo. Te acompañan los santos", concluía.   

      Con su mensaje de saludo y bienvenida a todos los presentes monseñor José Santos, obispo de la Prelatura de Moyobamba, quiso mostrar su alegría en  el espíritu, "dando gracias a Dios, nuestro Padre, por el amor y la gracia particular que ha mostrado con el Pueblo de Dios en San Martín", y manifestó su agradecimiento al Papa por el nombramiento de monseñor Rafael Escudero y a la  archidiócesis de Toledo, en la persona de su Cardenal Arzobispo".

      Por su parte, el nuevo obispo se refirió a su lema episcopal "Deus  caritas  est", y dió gracias a Dios, encomendando su vida y su ministerio a María Santísima. También manifestó su gratitud por la oración de todos, recordándonos que "Dios nos ama. Le interesamos".

      El Presidente de la Conferencia Episcopal del Perú y arzobispo de Trujillo, comentó lo que significa la sucesión apostólica en referencia a los escritos de san  Clemente, san Ireneo y Tertuliano, y recordó que primero hubo colaboradores de los apóstoles y luego sucesores. Así, porque "la sucesión  apostólica es de institución divina, quien los escucha, escucha a Cristo, quien los desprecia, desprecia a Cristo". Un magnífico deseo cerró su intervención: "Que Dios te bendiga y la Virgen María te proteja".

      El día 27, el nuevo obispo presidió la solemne misa pontifical de acción de gracias. En su homilía se refirió a la "llamada de Dios para tomar una decisión en nuestra vida", porque "nosotros también queremos servir al Señor. No  nos  salvamos  solos", afirmó.

      Tras recordar que "la decisión de seguir al Señor es personal. La fe es personal", nos urgió, para que no seamos con el Señor de los que "ante una  dificultad le abandonan".

      Advirtió también del peligro de "considerar la palabra de Dios como dura y difícil", porque "es tentación que tenemos de abandonar al Señor", y recordó que el amor de Dios es evidente: "El Señor no es un Dios sordo, que se desentiende, que nos abandona".

     Después, manifestó un magnífico deseo: "Tengo que gastarme y desgastarme, como Cristo me ama a mí". Y concluyó con una referencia al amor esponsal,  diciendo: "Si el esposo no ama a la esposa, no se ama a sí  mismo. Yo, he recibido un anillo de desposado. ¿Con quien me he casado yo? Con  la  Iglesia".