Guadalupe

 

El Monasterio, habitado desde 1389 por una Comunidad Jerónima, tuvo una vida próspera tanto en el aspecto religioso como en el cultural, científico y económico. La Virgen de Guadalupe fue la Patrona de los Reinos de Castilla; miles de peregrinos acudieron a rezar a las plantas de la Virgen, y muchos enfermos fueron curados en los hospitales del Monasterio. Aquí acudieron Santos escritores, nobles, conquistadores... desde la Edad Media hasta nuestro Siglo de Oro y la actualidad, y la Virgen de Guadalupe de la mano de misioneros, conquistadores, exploradores y colonizadores pasó a tierras americanas, extendiéndose su devoción, y el nombre de Guadalupe, desde California en América del Norte hasta la Tierra del Fuego y Filipinas. Hoy más de 650 nombres de Guadalupe jalonan las tierras que un día fueron parte del Imperio Español y, que hoy son cuna de una lengua y una civilización hispana.

Desgraciadamente en 1835 se produjo el luctuoso hecho de la desamortización que supuso para Guadalupe la supresión de la O. Jerónima, al cierre de su Monasterio y con ello la desaparición de sus riquezas y de la mayor parte de sus tesoros artísticos y propiedades, que fueron vendidos en pública subasta o sencillamente fueron a parar a manos de desaprensivos que se aprovecharon de las circunstancias. Incluso, muchas dependencias del edificio monacal fueron vendidas a particulares.

Guadalupe, apartado de las grandes ciudades y de las rutas frecuentadas, fue cayendo en el olvido y sus dependencias sumiéndose en la ruina. Poco a poco la devoción a la Virgen y el papel que ésta había desempeñado en la Historia de España decayó y, aunque Extremadura no perdió su devoción y extremeños ilustres realizaron gestiones y campañas para detener esta ruina, no siempre tuvieron el éxito deseado. En poco tiempo la ignorancia y la incuria hicieron desaparecer para siempre gran parte del arte y la cultura acumulada durante cuatro siglos.

La desamortización dejó reducido el grandioso Monasterio a la Parroquia y dependencias anejas Iglesia Camarín; Sacristía, Claustro y algunas Capillas y solo el celo de los Párrocos y algunos vecinos de Guadalupe lograron mantenerlo en pie. Las gestiones realizadas y las campañas emprendidas a favor de Guadalupe dieron como resultado que lo que quedaba del que fue un monumento único, fuese declarado Monumento Nacional el 1 de marzo de 1879, pero esto no tuvo muchas consecuencias para su restauración.

Sin embargo, el 20-3-1907, fruto de estas gestiones, se declara a la Virgen de Guadalupe Patrona de Extremadura. Pero, para que resurgiese Guadalupe, se necesitaba devolver la vida al Monasterio y para ello este debería ser habitado por una Comunidad de monjes. En 1908 la Comunidad Franciscana recibe el Monasterio y comienza su recuperación y restauración. Con ellos Guadalupe comienza a resurgir del olvido.

Como consecuencia de este renacer se llega al 12 de octubre de 1928. Ese día se corona a la sagrada Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe con el título de "Hispaniarum Regina". No podía ser menos para la Virgen que había estado en el Salado, en Granada, en Lepanto... y que había alumbrado todo un continente a la luz de la Fe. Se reconocía así, de manera oficial, a la Virgen de Guadalupe un título que ya la historia le había concedido.

Coronaron a la Virgen el Cardenal Primado don Pedro Segura como legado pontificio en nombre de la Iglesia y S.M. el rey don Alfonso XIII en nombre de España con una rica corona ofrendada por el pueblo. En las manos de la Virgen colocó el rey su bastón de mando. El Gobierno de la nación estuvo representado por los ministros don Eduardo Callejo, de Instrucción Pública y don Galo Escartín de Gracia y Justicia, que actuó como Notario Mayor del Reino.

Con este hecho trascendente se rescató del olvido la devoción a la Virgen y comenzaron a correr nuevos tiempos para Guadalupe y su Monasterio. La advocación mariana que había sido el faro espiritual de nuestros mayores, veía reconocidos sus méritos y volvía a brillar con luz propia en su reino espiritual en España e Hispanoamérica. Hoy el Monasterio, recuperado en gran parte su esplendor pasado, ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

 

Decadencia y recuperación del monasterio de Guadalupe

 

El Monasterio, habitado desde 1389 por una Comunidad Jerónima, tuvo una vida próspera tanto en el aspecto religioso como en el cultural, científico y económico. La Virgen de Guadalupe fue la Patrona de los Reinos de Castilla; miles de peregrinos acudieron a rezar a las plantas de la Virgen, y muchos enfermos fueron curados en los hospitales del Monasterio. La Virgen de Guadalupe de la mano de misioneros, conquistadores, exploradores y colonizadores pasó a tierras americanas, extendiéndose su devoción, y el nombre de Guadalupe, desde California en América del Norte hasta la Tierra del Fuego y Filipinas. Hoy más de 650 nombres de Guadalupe jalonan las tierras que un día fueron parte del Imperio Español y, que hoy son cuna de una lengua y una civilización hispana.

La desamortización de 1835 supuso para Guadalupe la supresión de la Orden Jerónima, el cierre de su Monasterio y la desaparición de sus riquezas y de la mayor parte de sus tesoros artísticos y propiedades.

Guadalupe, apartado de las grandes ciudades y de las rutas frecuentadas, fue cayendo en el olvido y sus dependencias sumiéndose en la ruina. En poco tiempo la ignorancia y la incuria hicieron desaparecer para siempre gran parte del arte y la cultura acumulada durante cuatro siglos.

La desamortización dejó reducido el grandioso Monasterio a la Parroquia y dependencias anejas: Iglesia, Camarín, Sacristía, Claustro y algunas Capillas y solo el celo de los Párrocos y algunos vecinos de Guadalupe lograron mantenerlo en pie. Las gestiones realizadas y las campañas emprendidas a favor de Guadalupe dieron como resultado que lo que quedaba del que fue un monumento único, fuese declarado Monumento Nacional el 1 de marzo de 1879, pero esto no tuvo muchas consecuencias para su restauración.

Sin embargo, el 20 de marzo de 1907 se declara a la Virgen de Guadalupe Patrona de Extremadura. Un año más tarde la Comunidad Franciscana recibe el Monasterio y comienza su recuperación y restauración. Con ellos Guadalupe comienza a resurgir del olvido.

Como consecuencia de este renacer se llega al 12 de octubre de 1928. Ese día se corona a la sagrada Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe con el título de "Hispaniarum Regina". Coronaron a la Virgen el Cardenal Pedro Segura, como legado pontificio, y el rey Alfonso XIII, con una rica corona ofrendada por el pueblo. En las manos de la Virgen colocó el rey su bastón de mando.

Con este hecho se rescató del olvido la devoción a la Virgen y comenzaron a correr nuevos tiempos para Guadalupe y su Monasterio. La advocación mariana guadalupense veía reconocidos sus méritos. Hoy el Monasterio, recuperado en gran parte su esplendor pasado, ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

 

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